Hay regalos
que no se guardan en un cajón, sino que se entierran con la esperanza de
verlos crecer. Hoy, los chicos y chicas del Reina Sofía han cambiado
las aulas por las calles de Salamanca para recordarnos algo importante:
que la vida, como los árboles, necesita cuidado, tiempo y respeto.
Cada
semilla entregada es un pacto con el futuro. No solo dábamos un
saquito de vida, dábamos la ilusión de ver brotar algo nuevo en los
balcones y jardines de nuestra ciudad. Porque si ellos son capaces de
mirar el mundo con esa pureza, nosotros tenemos el deber de ayudarles a
que sea un lugar más verde y amable.
Ojalá que cada una de
estas semillas encuentre su lugar, y que al verlas crecer, nos acordemos
de la lección que hoy nos han dado: que para cambiar el mundo, a veces
basta con un pequeño gesto y una gran sonrisa.